LA COMPOSICION

La composición musical es el arte de crear y reproducir sobre partitura cualquier tipo de obra musical. Esta actividad la desarrollan los compositores, personas que a través de sus estudios adquieren un completo conocimiento de todas las disciplinas que conforman el mundo de la música (etimológicamente: el arte de las musas), y que además cuentan con un desarrollado grado de sensibilidad e inspiración.

Euterpe, musa de la música en la mitología griega

La creación de una pieza musical consiste en la reunión lógica y ordenada de una serie de sonidos, tonos, acordes, arpegios y ruidos que combinados producen lo que los oídos perciben como sonido musical, es decir, gratificante al sentido auditivo y al espíritu. Así, los sonidos ideados por el autor, unidos sucesiva o simultáneamente, conforman una melodía o una combinación de tonos que, al variar ellas o los elementos que los integran, da lugar a una obra musical.

Es curioso comprobar, al iniciar una investigación exhaustiva sobre los compositores, la gran cantidad de ellos actualmente ignorados o casi totalmente olvidados, que en su tiempo fueron considerados genios por sus pares, especialmente en la época clásica, por Mozart, Haydn o Beethoven o en la época romántica por Schubert, Schumann, Chopin, Liszt o Brahms. Es el caso de Johann Adolf Hasse, admirado por J. S. Bach y W. A. Mozart, Giuseppe Aldrovandini, elogiado por el Padre Martini y otros de sus contemporáneos, Joseph Martin Krauss, ensalzado por Haydn y Gluck, Charles-Valentin Alkan, cuyo talento fue reconocido por Chopin y Liszt, Leopold Audran, prolífico y exitoso compositor de óperas, admirado por sus alumnos Fauré y Saint-Saens, etc.

Santa Cecilia, tenida por patrona de los músicos en la iglesia católica

Pues bien, este trabajo tiene por objeto darte a conocer la vida y obra no sólo de los grandes maestros de la música, algunos de los cuales se mencionan arriba, sino también de muchos importantes creadores musicales que con su obra han enriquecido el acerbo cultural a través de ésta, la más bella de las Artes, cuyos nombres no se escuchan con frecuencia o que han pasado al olvido a pesar de sus indiscutibles méritos.

Algunos precoces genios fueron lo que se ha dado en llamar “niños prodigio”, puesto que a edad muy temprana ya incursionaban en la música, como es el asombroso caso de Camille Saint-Saëns, que a los dos años comenzó a tocar el piano y a los cuatro compuso una pequeña pieza para el instrumento; Carl Czerny se inicia en el piano a los tres años y con nueve años debuta como concertista; Wolfgang Amadeus Mozart a los cuatro años practicaba el clavecín y componía pequeñas obras de considerable dificultad; Enrique Soro empezó a componer a los tres años y a los cinco dio su primer concierto con  creaciones propias; Sergei Prokofiev y Vivian Fine ya tocaban el piano a los cinco años de edad; Félix Mendelssohn empezó a estudiar piano a los seis años y Robert Schumann a los siete años compuso sus primeras obras musicales; Ludwig van Beethoven ya era un virtuoso pianista a los ocho años y Teobaldo Power y Juan Crisóstomo Arriaga publicaron sus primeras obras a los diez y a los once años de edad respectivamente. Un interesante caso de niño prodigio es Erich Korngold que, según su madre "siempre tocó el piano" y a los once años estrenó su primera obra en el Teatro Imperial Austrohúngaro. Ferruccio Busoni hizo su primera aparición en público como pianista a los ocho años, y a los doce años dirigió su propio “Stabat Mater”.

Muchos de ellos murieron jóvenes, antes de cumplir los cuarenta años, siendo los casos más lamentables los de Juan C. Arriaga, muerto a los diecinueve años y Augustin Lanner, que escasamente alcanzó a llegar a los veinte años de vida. Con menos de treinta años fallecieron también Giovanni Pergolesi, Doménico Alberti, Pelham Humfrey, Jehan Alain, Tekla Badarzewska, Lili Boulanger, Julius Reubke, Karol Tausig, José M. Usandizaga y Hans Rott. No alcanzaron a llegar a los cuarenta grandes maestros como Henry Purcell, Wolfgang Amadeus Mozart, Joseph Martin Kraus, Franz Schubert, Georges Bizet, Frederic Chopin, Félix Mendelsohn, Vincenzo Bellini, Samuel Coleridge-Taylor, George Gershwin y varios más.

¡Qué cantidad de geniales obras se habrá perdido el mundo de la música con estas muertes prematuras!

La muerte trágica también fue el signo de algunos compositores, como es el caso de Alessandro Stradella, Antoine de Bertrand, Jean-Marie Leclair (l’Ainè), que murieron asesinados; también posiblemente asesinados o por suicidio murieron Carlo Gesualdo, Domingo Terradellas y Johanna Kinkel. Enrique Granados y Giuseppe Aldrovandini murieron ahogados en el mar, en tanto que Leonardo Leo, Armand-Louis Couperin, Florian Leopold Gassmann y Michio Miyagi encontraron la muerte en lamentables accidentes. Hans Rott murió loco en un manicomio y en la miseria murieron Antonio Porpora, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig Minkus y Hans Pfitzner.

Sus obras, sin embargo, los sobreviven al margen de lo breve o trágico de su existencia y en este trabajo encontrarás, junto a la vida y obra de más de dos mil compositores, una muestra de sus respectivos estilos de composición.

Para bien de la música ha habido, en todo caso, compositores que alcanzaron edad avanzada y estuvieron activos en la creación de música hasta el final de sus vidas. Es el caso de Giuseppe Verdi, que escribió las óperas “Otello” y “Falstaff” a los 75 y 80 años respectivamente; y es más, después de ese “tour de force”, compuso “Las Cuatro Piezas Sacras”, nada desestimables. Claudio Monteverdi, a los 75 años compuso su ópera “L’Incoronnazione di Poppea”; Richard Strauss, a los 80, compuso “Las metamorfosis” para 23 Instrumentos de cuerda y las hermosísimas “Cuatro Últimas Canciones” para soprano y orquesta. Pietro Metastasio, Ralph Vaughan-Williams, Nadia Boulanger, Igor Stravinsky, Vincent d’Indy, Oscar Strauss, Hugo Alfven, Jean Absil, Pablo Sorozábal, Ignacy Jan Paderewsky, Kurt Atterberg, Christian Sinding, Roger Sessions, Joaquín Rodrigo y muchos otros sobrepasaron los ochenta abriles sanos y frescos.